
La mejor declaración de amor
es aquella que sólo
descifra
el amante
a quién va dirigida.
Suena raro. Lo sé.
Pero sólo suena raro
porque un día alguien nos hace creer
qué hay cosas normales y cosas raras.
¿quién construyó el baremo?
¿quién hizo las mediciones?
¿quién sabe qué es amor y quién no?
Todos. Y nadie.
Cada uno busca y encuentra su forma de amar.
De vivir.
Que es lo mismo.
Vivir es amar.
Amar es vivir.
Para estar vivo uno debe haber amado
al menos una vez.
Con una sola vez, cuando amas/vives (de verdad)
basta.
Lo malo de todo esto, es que el idioma
que usas con tu amante
es el mismo que usas con las personas
que encuentras en el camino,
o con las personas que quieres,
con tu familia,
amigos.
Lo malo de todo esto,
es que, a veces,
sólo te entiende
quién habla
tu mismo idioma.
Lo malo de todo esto,
es que no todos lo que quisieras
vienen del mismo planeta que tú.
Y no hablan el idioma.
Y ni siquiera entienden los gestos.
Es una pena.
No poder compartir todo lo que eres.
A pesar de ti.
Porque es triste ver que
cuando
tú estás misteriosamente feliz,
ciertamente Don Joan Margarit,
feliz ya no puede ir, sino junto a misteriosamente,
hay personas que ven en ti todo lo contrario.
Y creen que necesitas ayuda.
Ser distinto no implica necesitar ayuda.
El mundo iría mucho mejor
si los locos no fuéramos por ahí
disimulando
ser
normales.
¿Quién diablos quiere ser normal?
Si normal implique vivir en una mentira?
Si normal implique huir de la persona
que más te ha querido en el mundo,
y que casualmente, también te completa,
por no hacer daño (perdón que me ría)
a tu marido/mujer/hijos.
Perdón que me ría.
Es una risa triste.
Como triste es verte malgastar
tu única oportunidad de ser feliz.
Y encima creyéndote tus propias mentiras.
Porque haces más daño así.
Ya te lo dije.
Dar las sobras mata.
Te mata a ti.
Pero mata al que las acepta resignado.
Siento herir con mis palabras.
Pero decías que querías hablar.
Y esta manera de hablar
es la única manera de que escuches.
Y de que yo te escuche.
Porque no hay necesidad de defenderte.
Porque leer, duele menos que ciertas palabras.
Y aunque se pida perdón, lo dicho,
es difícil de olvidar.
La rabia, frustración, dolor, llanto contenido,
sale por la boca para arañar
al que más te quiere.
La raza humana es complicada.
Pero sólo la raza humana
entiende
de humildad,
generosidad,
bondad,
y amor incondicional.
Por eso, creo,
sin ningún ápice de duda,
que el mundo puede ser mejor.
Porque si alguien puede conseguirlo
es el ser humano.
Precisamente por sus imperfecciones.
Nuestras imperfecciones
y nuestra manera de amar
harán posible el milagro.
No sé cuando.
Pero estoy segura de ello.
Y si podemos cambiar el mundo
podemos volver a empezar de cero.
Podemos aprender de nuestros errores
y tirar al suelo las máscaras del miedo.
Ya basta de ser fachada.
Como la de Gaiman, más bien. La del miedo a ser uno mismo.
O dí más bien, la del miedo a ser feliz.
O al menos, intentarlo.
En esta vida sólo hay dos caminos.
Uno bueno y otro malo. Y luego hay millones de grises.
Y lo increible de todo esto es
que si vas a dónde quieres ir
y estás con quien quieres estar en cada momento
y dices lo que sientes,
cuidando, eso siempre,
las palabras,
nunca irás por el camino malo.
Puede que vayas por los grises primero,
pero siempre,
siempre,
acabarás llegando,
al bueno.
Porque la recompensa de ser honesto con uno mismo
es la felicidad.
Puedes creerlo o no.
Pero el muro ya lo decía:
para ver antes hay que creer.
Y hablando de máscaras,
La de V es la del cambio,
la de la revolución.
Ya basta de hacer creer a nuestros hijos
que deben ser fachada.
¿Para qué?
Dime.
¿Para qué?
Y si en vez de eso
probamos a decirles que si quieren
pueden conseguir lo que sea.
Y si en vez de cortarles las alas
se las pegamos con hilos de colores
cuando las pierdan por el camino.
Y por cierto, hablando de idiomas,
hay que vigilar cuando los españoles
le decimos a un latinoamericano
que hay cuatro millones de parados.
Los idiomas, no siempre sirven
para entenderse.
Pero la música, el arte, la poesía, el cine,
eso sí lo entendemos todos.
El arte sirve para decir exactamente
lo que queríamos decir,
sin que las palabras lo estropeen todo.
Lástima que luego hablemos,
y a veces, la caguemos.
pOema inÉditO
Regina